Crisis Hídrica en la Seguridad Alimentaria

Carolina Rivera Carrillo1, Taisa Sabrina Silva Pereira2

1Estudiante de la Licenciatura en Ciencias de la Nutrición

2Profesora de Tiempo Completo de la Licenciatura en Ciencias de la Nutrición, Investigadora SNII

Universidad de las Américas Puebla (UDLAP)


La escasez de recursos hídricos es una de las problemáticas más discutidas en la actualidad, en especial por las consecuencias evidentes en cada escenario de la sociedad a nivel mundial. Actualmente podemos describir múltiples crisis globales en los ámbitos alimentario, energético, financiero, ambiental y climático. Además, la competencia por la tierra y los recursos es impulsada por un modelo de desarrollo que, al mismo tiempo promueve el progreso, también reproduce el conflicto y la desigualdad (Work, 2019). La falta de reconocimiento del vínculo entre los recursos hídricos y los principios económicos, sociales y de gobernanza ha llevado a ignorar su relación con actividades clave, como la producción de alimentos, tanto a nivel global como regional (Varis, Keskinen & Kummu, 2017).

México enfrenta diversas problemáticas relacionadas al agua, como la contaminación, escasez y administración ineficaz del recurso con sus inicios marcados desde la evolución socioeconómica, la mala implementación de la normativa del agua y los abusos, la sobreexplotación de los acuíferos, y también el escaso valor que la sociedad le otorga a este recurso (Hernández-Cruz, Sandoval-Solís & Mendoza-Espinosa, 2022).

Por eso, se ha categorizado a esta nación como vulnerable, por sus atributos climáticos, geográficos, políticos y sociales relacionados con los recursos hídricos y las interacciones de estos factores (Pacheco-Treviño & Manzano-Camarillo, 2024).

Además, se observan ineficiencias en el uso del agua para la agricultura industrial, representando un desperdicio significativo y una dependencia notable de acuíferos sobreexplotados. Al mismo tiempo, la distribución de los recursos hídricos no se alinea con la distribución geográfica de la población ni con la productividad económica de las diferentes regiones (Pacheco-Treviño & Manzano-Camarillo, 2024). Como en otros países en desarrollo, las áreas urbanas son más densas en población y en actividades económicas industriales a comparación de las áreas rurales y, por ende, es aquí donde la demanda en alimento, energía, agua, entre otros, se busca cubrir en primera instancia, aunado a que, proveer servicios en áreas remotas es más costoso en infraestructura (Hernández-Cruz, Sandoval-Solís & Mendoza-Espinosa, 2022).

Existe una necesidad de abordar la toma de decisiones respecto al agua, con acciones alternativas, interesadas e informadas que consideren las diversas formas de manejo del recurso y sus fuentes (Hernández-Cruz, Sandoval-Solís & Mendoza-Espinosa, 2022). Sin embargo, éstas están restringidas a acciones justificadas en la expansión del mercado, asegurar la paz mundial y detener los conflictos mediante el desarrollo económico. En un contexto de conflicto constante movido por estabilidad económica, el control estatal de recursos equivale al control del conflicto para asegurar la supervivencia y seguridad de la población (Work, 2019). De esta forma, la supervivencia equivale a tener recursos suficientes y solo se obtiene con base en la decisión de quienes controlan. 

La crisis hídrica, uno de los problemas mundiales más urgentes, es una situación desbalanceada y compleja que comprende la carencia de agua por un lado y una demanda insaciable del recurso (Rosa et al., 2020; Pacheco-Treviño & Manzano-Camarillo, 2024). Además, se involucra la privación del individuo para obtener acceso a agua limpia y potable, así como mantener de forma física y económica el agua para satisfacer sus necesidades fisiológicas, del hogar y sanitarias (Rijsberman, 2006) representando un contexto de inseguridad hídrica. La inseguridad hídrica puede ser definida cuando una persona no puede acceder ni beneficiarse de agua asequible, adecuada, confiable y segura para el bienestar y una vida saludable (Brewis et al., 2025); y, por otro lado, se dice que una zona presenta escasez de agua cuando una gran cantidad de habitantes presenta inseguridad hídrica (Rijsberman, 2006). El abordaje de la inseguridad hídrica y escasez de agua se ha visto comprometido ya que, al ser un recurso presente en diversas actividades y sistemas, es altamente influenciable por los intereses de quienes la gestionan.

Se han propuesto marcos y estructuras para explicar la compleja red del agua y su manejo, considerando aspectos como la geopolítica, los contextos de conflicto, y las múltiples interacciones con el agua en sectores como la agricultura, la salud, el ambiente, el clima y el transporte. Estos enfoques buscan asegurar la disponibilidad y el acceso al agua frente a riesgos, vulnerabilidades, inequidades y desafíos políticos que afectan tanto a las sociedades como a los ecosistemas (Varis, Keskinen & Kummu, 2017). Cada decisión con respecto al uso del agua ha sido acreditada como desarrollo o progreso, con el objetivo de cubrir la demanda poblacional y el crecimiento económico y político de las naciones. A raíz de esto, se genera paralelamente una mayor brecha socioeconómica, degradación y contaminación ambiental, cambio climático, extinción masiva de especies y problemas de salud, entre otros (Work, 2019).

La falta de acceso a agua limpia y segura obstaculiza la cobertura de sanidad, higiene personal, bebida y alimento, impactando masivamente en los estados de salud y nutrición, generando enfermedades transmitidas por el agua, como la diarrea, la fiebre tifoidea, malnutrición e infecciones (Rijsberman, 2006).  De esta forma, la crisis hídrica se correlaciona con la pobreza y la desigualdad, al pasar de un recurso fundamental para las necesidades diarias como bebida, alimentación y salubridad, a un recurso privatizado y demandado hasta su escasez.

El sistema alimentario es definido como todas las actividades que van desde la producción, hasta el consumo y desecho, los impulsores dentro y fuera del sistema, así como las interacciones entre ellos (Stefanovic, Freytag-Leyer & Kahl, 2020). Actualmente, debido al avance de las sociedades, un sistema alimentario involucra con una complejidad socio-ecológica con subsistemas, recursos como el agua, usuarios como los hogares, impulsores como el gobierno, etc.; componentes separables, pero con interacciones presentes. Es importante mencionar que un sistema alimentario se puede estructurar de diferentes formas: a gran o pequeña escala, con cultivos diversos o monocultivos, con uso de agroquímicos u orgánicos, entre otras. Aunado a esto, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (1996), describe el concepto de seguridad alimentaria cuando todas las personas en todo momento tienen acceso físico y económico a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para cumplir con los requerimientos dietéticos y las preferencias alimentarias para tener una vida activa y saludable.

Un sistema alimentario capaz de proveer la seguridad alimentaria en la población tiene la capacidad adaptativa y resiliente en el contexto socio-ecológico frente a las problemáticas emergentes (Varis, Keskinen & Kummu 2017). Desafortunadamente, este principio no ha sido alcanzado aún. Con el cambio climático desencadenado, el ciclo natural del agua alrededor del mundo ha afectado las dinámicas de precipitaciones y generando con mayor frecuencia y severidad, sequías inesperadas y lluvias fuera de estación (Pacheco-Treviño & Manzano-Camarillo, 2024). El agua, así como otros recursos naturales, son vulnerables ante la acción de la humanidad, y al mismo tiempo, la humanidad es frágil sin ella. Las dinámicas sistemáticas de la sociedad se mueven y se alteran con los recursos. Un ejemplo importante es la interrelación entre los sectores del agua y la alimentación (Varis, Keskinen & Kummu, 2017).

La producción de alimentos, específicamente la agricultura y ganadería, supone aproximadamente un 70%, incluso un 90% en algunas regiones, del uso del agua a nivel global, mientras que al sector industrial y al uso doméstico, se les atribuye un 22% y un 8% del uso del agua, respectivamente (Ingrao et al, 2023; Varis, Keskinen & Kummu, 2017). Por ende, se convierte en el sector más interrelacionado con este recurso, contribuyendo por un lado a la escasez por la demanda de alimento y, por otro, permaneciendo vulnerable ante las variantes climáticas y las limitantes del manejo y distribución.

Las dimensiones compartidas entre seguridad alimentaria y seguridad hídrica como acceso, calidad y confiabilidad se ven alteradas con los eventos climáticos extremos impactando en diferentes escalas la productividad, los medios de vida y necesidades básicas en el hogar (Brewis et al, 2025; Pacheco-Treviño & Manzano-Camarillo, 2024). Con las fuentes de agua alteradas e intermitentes, la actividad agrícola en zonas rurales se debilita y los productos alimenticios disminuyen su calidad y cantidad considerablemente dejando a las poblaciones de esas zonas en preocupación y ansiedad por los recursos (Brewis et al., 2025).

Figura. Interacción entre la crisis hídrica y la seguridad alimentaria, influenciada por la administración en los sistemas alimentarios (elaboración propia)

El manejo inadecuado del agua limita a las poblaciones, a nivel del hogar y regional. La desigualdad limita selectivamente a grupos sociales para mejorar las condiciones socioeconómicas y, a grandes rasgos, la calidad de vida de los habitantes (Pacheco-Treviño & Manzano-Camarillo, 2024). A medida que aumentan los desafíos de la gestión del agua, se vuelve esencial describir la interacción de los sistemas naturales y sociales, y evaluar estrategias de gestión hídrica que puedan afrontar desafíos como el crecimiento de la población y el uso del agua, y el cambio climático, entre otros (Hernández-Cruz, Sandoval-Solís & Mendoza-Espinosa, 2022). Es crítico impulsar un entendimiento y abordaje multidisciplinario de las implicaciones entre seguridad hídrica y alimentaria con el bienestar a largo plazo (Brewis et al, 2025). Para tomar decisiones informadas, se debe afrontar el desinterés, infundir un enfoque integral para la gestión del agua y promover la investigación necesaria para obtener información confiable, oportuna y disponible. Los modelos deben representar sistemas hídricos complejos, las interacciones ambientales, sociales y económicas, e incluir variables relevantes como los desafíos globales que van desde la salud hasta la desnutrición, la pobreza y la gestión sostenible de los recursos naturales.


REFERENCIAS

Brewis, A., Jepson, W., Rosinger, A. Y., Stoler, J., Workman, C. L., Wutich, A., & Young, S. L. (2025). Interacting water insecurity and food insecurity: Recent advances in theory and application. American Journal of Human Biology: The Official Journal of the Human Biology Council, 37(5), e70052. https://doi.org/10.1002/ajhb.70052

FAO (1996). Rome Declaration on World Food Security and World Food Summit Plan of Action. Rome: FAO. Disponible en: http://www.fao.org/3/w3613e/ w3613e00.htm

Hernández-Cruz, A., Sandoval-Solís, S., & Mendoza-Espinosa, L. G. (2022). An overview of modeling efforts of water resources in Mexico: Challenges and opportunities. Environmental Science & Policy, 136, 510–519. https://doi.org/10.1016/j.envsci.2022.07.005

Ingrao, C., Strippoli, R., Lagioia, G., & Huisingh, D. (2023). Water scarcity in agriculture: An overview of causes, impacts and approaches for reducing the risks. Heliyon9(8), e18507. https://doi.org/10.1016/j.heliyon.2023.e18507

Pacheco-Treviño, S., & Manzano-Camarillo, M. G. F. (2024). Review of water scarcity assessments: Highlights of Mexico’s water situation. WIREs. Water, 11(4). https://doi.org/10.1002/wat2.1721

Rijsberman, F. R. (2006). Water scarcity: Fact or fiction? Agricultural Water Management, 80(1–3), 5–22. https://doi.org/10.1016/j.agwat.2005.07.001

Rosa, L., Chiarelli, D. D., Rulli, M. C., Dell’Angelo, J., & D’Odorico, P. (2020). Global agricultural economic water scarcity. Science Advances, 6(18), eaaz6031. https://doi.org/10.1126/sciadv.aaz6031

Stefanovic, L., Freytag-Leyer, B., & Kahl, J. (2020). Food system outcomes: An overview and the contribution to food systems transformation. Frontiers in Sustainable Food Systems, 4. https://doi.org/10.3389/fsufs.2020.546167

Varis, O., Keskinen, M., & Kummu, M. (2017). Four dimensions of water security with a case of the indirect role of water in global food security. Water Security, 1, 36–45. https://doi.org/10.1016/j.wasec.2017.06.002

Work, C. (2019). Climate change and conflict: Global insecurity and the road less traveled. Geoforum; Journal of Physical, Human, and Regional Geosciences, 102, 222–225. https://doi.org/10.1016/j.geoforum.2018.11.004