Acción climática en la agenda internacional

Autor: Ing. David Eduardo Guevara Polo

A finales del año pasado se llevó a cabo la Conferencia de las Partes COP26. Más de 20 mil jefes de Estado y de gobierno, diplomáticos, activistas, periodistas, cabilderos y empresarios se reunieron en la ciudad escocesa de Glasgow para este importante evento. La COP26 sucedió en un contexto internacionalmente complicado, debido a la recuperación económica después del apogeo de la pandemia de COVID-19, la disrupción en las cadenas de suministro globales y la incipiente crisis energética. En 2022, las dificultades en el entorno internacional se han recrudecido, principalmente por el problema de la inflación, la expectativa de una recesión económica, y el surgimiento del conflicto entre Rusia y Ucrania y su consecuente impacto en la crisis energética.

Al principio de este año, el Foro Económico Mundial publicó el Reporte de Riesgos Globales 2022, donde se informó que los principales riesgos de escala global hacia los siguientes 10 años son el fracaso de la acción climática, seguido del clima extremo y la pérdida de biodiversidad. Los reportes de este año de los Grupos de Trabajo II (impactos del cambio climático, adaptación y vulnerabilidad) y III (mitigación) del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) dejan claro que no hay tiempo que perder para enfrentar al cambio climático desde todos los frentes y sectores. Abordar este problema en paralelo a los mencionados en el párrafo anterior, representa un enorme desafío para los países en todo el mundo.

El 2 y 3 de junio de 2022 se celebró la conferencia Estocolmo+50, una de las primeras celebradas en formato presencial desde que empezó la pandemia. Este es un evento que marca 50 años de la Conferencia de Estocolmo de 1972, en la que el medio “humano” (así le llamaban entonces al medio ambiente) escaló a una posición relevante en la agenda internacional. De acuerdo con el International Institute for Sustainable Development (IISD) , la Conferencia de Estocolmo de 1972 produjo tres conjuntos de decisiones: La Declaración de Estocolmo; el Plan de Acción de Estocolmo, que comprende 109 recomendaciones de medidas para combatir la degradación ambiental para gobiernos y organizaciones intergubernamentales; y resoluciones como el tercer conjunto que llamaban a distintos temas: la prohibición de ensayos nucleares, la creación de un banco de datos internacional sobre el estado del medio ambiente, la necesidad de implementar acciones relacionadas con el desarrollo y el ambiente, cambios en organizaciones internacionales, y la creación de un fondo para el medio ambiente.

En seguida, se celebró del 6 al 16 de junio del 2022 en Bonn, Alemania, la Conferencia de Cambio Climático de Bonn y las reuniones 56 de los Órganos Subsidiarios para la Implementación (Subsidiary Body for Implementation, SBI) y de Asesoramiento Científico y Tecnológico (Subsidiary Body for Scientific and Technological Advice, SBSTA). De acuerdo con IISD, hubo 3320 participantes: 1799 de las partes, 1184 de organizaciones observadoras, 271 de organismos de la ONU y otras organizaciones intergubernamentales, y 66 representantes de los medios de comunicación. Esta conferencia sucede a medio camino entre la COP26 y la COP27 y pretende preparar las negociaciones de más alto nivel, que ocurriránen noviembre de este año en Sharm El-Sheikh, Egipto. Todo apunta a que se está comenzando a reconocer que la adaptación al cambio climático tiene límites, y que también es necesario crear fondos de financiamiento para pérdidas y daños (loss and damage).

Este año se cumplen 30 años de la creación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), la cual auspicia las Conferencias de las Partes (COP) anualmente. Su efectividad ha sido cuestionada en los últimos años ya que las emisiones de gases de efecto invernadero no han dejado de incrementar. En efecto, el Reporte de la Brecha de Producción, publicado desde 2019 por el Programa de Medio Ambiente de Naciones Unidas indica que los compromisos climáticos actuales no son consistentes con el objetivo del Acuerdo de París de mantener el calentamiento global por debajo de 1.5°C o 2.0°C (Figura 1). Sin embargo, vale la pena reflexionar que las COPs no son el principio ni el final de la acción climática; pero sí son eventos cruciales ya que representan una gran oportunidad para reunir a organizaciones interesadas en la crisis climática y crear el ambiente para formar alianzas, descubrir canales de acción y crear iniciativas, sin mencionar que también son el instrumento para analizar, supervisar y verificar la aplicación correcta de los acuerdos tomados en la CMNUCC. De igual manera, son el mejor instrumento que ha podido inventar Homo sapiens hasta ahora para atender el cambio climático desde el ámbito multilateral. De manera paralela, existen iniciativas y proyectos que materializan la acción climática a escala comunitaria o subnacional. Por ejemplo, Guadalajara, Monterrey, León, Mérida, entre otras ciudades mexicanas, están registradas en la campaña Race to Zero, organizada por C40 Cities y respaldada por la CMNUCC, en la que se impulsa la acción climática desde las ciudades. La crisis climática debe ser atendida con urgencia y desde todos los niveles de gobierno.

Figura 1. Brecha de producción de combustibles fósiles. Reproducida de SEI, IISD, ODI, E3G, and UNEP. (2021)

Muchos científicos aseguran que el cambio climático es un problema político; muchos políticos, que es un problema tecnológico; muchos activistas, que es un problema de ausencia de liderazgo. Por supuesto, el cambio climático es un problema multifacético, pero, en el fondo, es un problema del pensamiento. Yuval Noah Harari habla en su libro De animales a dioses del concepto de realidades imaginadas, que él define como historias ficticias que creamos los humanos para cooperar entre nosotros y podernos desarrollar. Menciona que las religiones, el dinero, los países, las instituciones y los derechos humanos son ejemplo de estas realidades imaginadas. Con el paso del tiempo, estas realidades imaginadas han evolucionado hacia un entramado que en ocasiones parece inamovible. Además, Homo sapiens ha perdido de vista que, como es responsable de la creación de estas percepciones, también puede cambiarlas.

Nuestra obstinación se refleja en el concepto de desarrollo. Desde luego, cualquier persona quiere disfrutar de su libertad y aprovechar su potencial, por lo que la incesante búsqueda del desarrollo proviene de nuestra naturaleza humana. Sin embargo, desde hace décadas creemos que la única vía para el desarrollo es a través de la explotación, indiscriminada en muchos casos, de los recursos naturales. Hemos sido incapaces de idear e implementar un modelo de desarrollo socioeconómico que sea compatible con la naturaleza, y que incluya la visión de sostenibilidad para no poner en riesgo el medio ambiente para las futuras generaciones. Por esta razón, los límites del desarrollo están en nuestro pensamiento.

Referencias

Harari, Y. N. (2014). Sapiens. De animales a dioses: Una breve historia de la humanidad. Debate.

SEI, IISD, ODI, E3G, and UNEP. (2021). The Production Gap Report 2021. http://productiongap.org/2021report